Mi vecina, antigua actriz, tributaria todavía de recursos histriónicos y una gran voz, se asoma a la puerta de su casa y da la clarinada noticiosa: "¡Murió Pinochet! ¡Por fin! ¡Se fue a la cresta el desgraciado!" Y se desgañita sin dar muestras de que se agote su entusiasmo.
Conmoción en el condominio, que luego se extiende al barrio, a la ciudad, al país. E [...]
Continua leyendo....